historias del interior
Mitos y Leyendas
por M.

Los diferentes mitos y leyendas que circulan en el inconsciente colectivo son tan antiguos como la humanidad. Los temas son infinitos y sus raíces se deben buscar en lo más profundo de la psiquis. Hablan de magia, medicina popular, amor, desgracia, éxito, poder y otros aspectos de la relación del hombre con el cosmos.










 

 

 



Tango en San Telmo
Altar en honor a la Difunta Correa





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuentes:

http://www.naya.org.ar


Según contaban los payadores de principios del siglo XIX, el séptimo hijo varón de una misma madre nacía marcado por un estigma. En las noches de luna llena su cuerpo se cubría de pelos, de su boca asomaban afilados colmillos y, poseído por una fuerza demoníaca, salía rumbo al poblado más cercano a saciar su sed de sangre para despertar al día siguiente sin recordar nada de lo ocurrido. En algunos lugares perdidos de nuestro país, esta leyenda hizo que aquellos que tuvieran el infortunio de nacer en el séptimo lugar fueran sacrificados. La intervención del gobierno -el decreto 848 promulgado por Perón en 1973- no hizo más que dar marco legal a la vieja tradición, disponiendo que el presidente de la Nación apadrinara a los damnificados como forma de revertir el maleficio.

 

A cada santo su vela

Cuando, por causas del destino el mundo de lo religioso se cruza con su antagónico y paralelo, el mundo de lo pagano, indefectiblemente uno es absorbido por el otro. Y si bien todas las religiones tienen un componente mitológico, son frecuentes los choques entre las creencias aceptadas y aquellas que son de dominio exclusivo de la voz popular. En el norte de nuestro país, la aparición de la religión católica con los Jesuitas incidió de una forma decisiva en los ritos paganos y en las costumbres de los pobladores, quienes blanqueaban los personajes míticos de la zona adaptándolos a modelos occidentales o propios de la Biblia. Tal es el caso de la Pacha Mama y su paralelismo con la Virgen María. Para los quichuas, era la Madre Tierra; la deidad máxima de los cerreros peruanos, bolivianos, y del nordeste argentino. Dios femenino que produce, que engendra... Según el antropólogo Alfredo Moffat, "un ejemplo típico de este remoldeo de mitos lo constituyen las fiestas anuales de celebración de la Virgen María en Salta y Jujuy, donde, pese a la imagen de la Virgen y al sacerdote que guía la columna, la ceremonia corresponde más a los rituales indígenas de la Pacha Mama que a la europea Virgen María".

Otro ejemplo similar que da muestra de la relación entre la Iglesia y el paganismo es el culto a san La Muerte. Predominante en la provincia de Corrientes, aunque también presente en Chaco, Misiones y Formosa, sus poderes son amplios: sirve para conseguir trabajo -o para no perderlo-, hallar cosas perdidas, obtener el amor de alguien o vengarse de un desaire, una afrenta o un mal recibido.

Este culto, obviamente pagano, (hasta ahora nadie encontró a san La Muerte en ningún Santoral cristiano) se suele conmemorar el Viernes Santo y el Día de Todos los Muertos. Pero lo interesante del caso es que el amuleto que lo representa sólo tiene efectividad si se encuentra bendecido -por así decirlo- por un sacerdote católico. Para alcanzar la bendición, los astutos seguidores esconden el amuleto en una mano mientras le piden al sacerdote que bendiga una estampita exhibida en la otra. Luego de la santificación clandestina, el paso posterior consiste en llevar el amuleto durante siete viernes seguidos a otras tantas iglesias. Cumplido este proceso, el portador ya goza de todos los +beneficios+ para, a través de una serie de oraciones, vengarse de sus enemigos.

El mito indígena de la Difunta Correa es uno de los más interesantes si tenemos en cuenta que, al no existir ningún equivalente en la cultura occidental, no pudo ser reinterpretado por la Iglesia Católica. Cuenta la leyenda que en 1835 un criollo de apellido Bustos fue reclutado en una leva para las montoneras de Facundo Quiroga y llevado por la fuerza a La Rioja. Su mujer, María Antonia Deolinda Correa, desesperada porque su esposo iba enfermo, tomó a su hijo y siguió las huellas de la montonera. Luego de mucho andar y cuando estaba al borde de sus fuerzas, sedienta y agotada, se dejó caer en la cima de un pequeño cerro. Unos arrieros que pasaban por la zona encontraron a la madre muerta con el niño, aún con vida, amamantándose de sus pechos.

Al conocerse la historia, comenzó la peregrinación de lugareños hasta la tumba de la difunta Correa, y con el tiempo se levantó un oratorio al que los fieles acercaban sus ofrendas. La difusión de los milagros de esta mítica figura se ha extendido por todo San Juan. Los cantores populares le dedican sus coplas, los hombres de campo le piden protección para sus cosechas, las madres que carecen de leche para alimentar a sus hijos le piden que nutra sus pechos, y los arrieros, con quienes mantiene una deuda, la consideran su protectora.

 

Leyendas gauchescas

La soledad y el aislamiento de la Pampa se transformaron en terreno fértil para la proliferación de toda clase de mitos. Con una particular verborragia y -en muchos casos- algunas copas de más, el payador fue un personaje clave en la difusión de este tipo de leyendas. Uno de los temas que inspiró durante largo tiempo al gaucho cantor fue la luz mala. Este fenómeno -absolutamente real, producto de la fosforescencia de las sales de calcio componentes de esqueletos de animales esparcidos en el campo- genera una luminosidad tenue e intermitente que, en muchas ocasiones, supo inquietar a más de un distraído. Factores como el agotamiento visual, el miedo, la falta de puntos de referencia en la oscuridad y -sobre todo- una gran cuota de imaginación, hacen que el observador perciba movimientos. Estas luces malas -así bautizadas por los payadores- son consideradas almas en pena que manifiestan su deseo de vincularse con un alma viva para que les sirva de compañía. Estas almas vagan errantes porque sus pecados no les permiten entrar al cielo, pero tampoco alcanzan la categoría de merecedores del infierno. Según la superstición, buscan esta compañía hasta que algún familiar realice un acto que las redima. Para liberarse de la luz mala, el paisano reza y luego muerde la vaina de su cuchillo. El arma blanca es la única defensa posible.

 

Padre, qué me has hecho

El Trauco es un personaje de la mitología chilota. Se caracteriza por su baja estatura (no más de 80cm) y su rostro poco agraciado -aunque de mirada dulce y sensual-. No tiene pies, sus piernas terminan en muñones y en su mano lleva un hacha de piedra que es reemplazada por un bastón retorcido (el pahueldún) cuando está frente a alguna muchacha. Dice la leyenda que el Trauco habita en el bosque a la espera de alguna moza, que no pudiendo resistirse a sus diabólicos ojos, cae en un plácido sueño de amor. La víctima queda entonces embarazada, pero ni ella ni su hijo sufren la condena social, ya que ambos están relacionados con la magia de un ser extraterreno.

Este personaje ha trascendido en el desarrollo de los más diversos pueblos y culturas. A él se le atribuyen todos los embarazos no deseados del lugar. ¡Qué hubiera sido de las mujeres sin estas benévolas criaturas de leyenda!

El Trauco, la Pacha Mama, la Luz Mala y la Difunta Correa, como tantos otros mitos que alimentan esperanzas y sacian ansiedades, circulan paralelamente a imágenes sacras, a modo de un mercado de pulgas de la fe. Un verdadero crisol de creencias.

 

(Buenos Aires, mayo de 2003)

Esta nota fue publicada originalmente en la revista "El Planeta Urbano" en la edición de junio de 2002


 

 

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