| Arquitectura
Historia
de las Ciudades por Máximo
Cossio Etchecopar Para
conocer lo que esta pasando en las ciudades no solo las Argentinas, tambien la
crisis de las mismas a escala mundial, es neceraio que repasemos el pasado
1°
Parte Le
Corbusier solía decir que la vivienda es la máquina donde vive el hombre. Claro
está que el revolucionario arquitecto suizo hiciese esta apreciación, muchas y
muy importantes cosas habían pasado en el mundo de la vivienda. Desde
los remotos orígenes de la caverna hasta la aparición de las nuevas ciudades,
poco o nada había sucedido con relación a la evolución del hombre. La ciudad como
tal marca muy posiblemente uno de los hechos más trascendentes en la lucha del
hombre contra su medio ambiente, en su evolución y en su transformación. Y también
aquí en la aparición de las ciudades la economía tiene su propia y vital significación.
Fueron esas primeras ciudades una decisión económica. Es simple comprender que
los primeros habitantes de nuestro planeta no tenían necesidad de vivir en ciudades.
Sus necesidades se agotaban en la búsqueda de alimentos, abrigo, y defensa, para
la cual le bastaba en juntarse en pequeños grupos para asegurarse esas necesidades.
Quienes se han dedicado ha investigar al hombre, sus orígenes y sus formas de
vida, han llegado a la conclusión de esos grupos eran reducidos, ya que los intentos
de agrupamientos mayores terminaban en problemas. Sería largo enumerar los cambios
que fueron produciéndose en los hombres, el que por supuesto no es motivo de éste
trabajo. El mayor agrupamiento comienza a darse con la formación de las primeras
comunidades agrícolas, que lo llevaron al conocimiento de una vida más sedentaria
y si se quiere más segura. Estas comunidades le aseguraban su alimento y también
le garantizaban formas de defensa mucho más segura que las que debía enfrentar
el nómada. También
en ésta etapa, podríamos decir que el hombre comenzó a familiarizarse con la tecnología.
Claro que era la “ tecnología” que puede pensarse en unos 3000 años antes de Cristo.
Nos referimos a la selección de semillas, el domesticamiento de animales que le
servían como alimento y transporte. El hombre había avanzado, pero todavía estaba
en niveles inferiores a los de subsistencia. Todo lo que produce lo consume; hasta
que descubre los valores del riego. Allí, en ese momento, da el hombre otro gran
salto, tiene excedentes. Con los excedentes llega la concentración, Quienes viven
vagabundeando y errando, se informan por algún medio que hay lugares donde el
alimento “sobra”, y hacia allí se dirigen. En éstas incipientes ciudades, ¿podemos
realmente llamarlas así? Muy prontamente comienzan los hombres a diferenciarse,
tanto social como económicamente. Y allí en ésta diferenciación es posible que
encontremos las primeras formas de esclavitud. Los grupos con mayor desarrollo,
obligaron a que grupos inferiores trabajasen para ellos. También fue allí donde
comenzaron a manifestarse los primeros síntomas de cultura y de organización social.
El concepto civilización comenzaba a tomar formas, íntimamente ligado al concepto
civilización, llegaron también los términos jerarquía, casta, etc. Lo que hoy
llamamos clases sociales. Comenzó
también un incipiente desarrollo del comercio- muy primitivo por cierto-; diversas
formas religiosas, y en alguna medida comenzaron a darse “formas de gobierno”.
Y aquí también comienzan a manifestarse los grupos de poder y de opresión. Ya
el campesino a perder la supremacía de los primeros tiempos, los conglomerados
urbanos imponían su mayor organización y capacidad para comerciar. Comenzaron
a manifestarse también aunque de manera muy incipiente el concepto de propiedad.
Ya
también en éstas ciudades primitivas se observaban las zonas dedicadas al comercio,
a las clases altas y aquellas que ocupaba el pueblo en general. Generalmente,
cuándo analizamos la evolución de la humanidad, la revolución industrial significa
para nosotros un hito fundamental. Cualesquiera sean los puntos de vista que sostengamos,
todos tienen que ver de alguna forma, con el fenómeno de la revolución industrial.
Donde más se sintió el impacto de ésta fue principalmente en las ciudades. En
primer lugar porqué las industrias se concentran en las grandes ciudades, y serán
las ciudades las que proveerán a esa industria su mano de obra. Aún en los casos
en que las industrias optaron por instalarse en zonas libres, rápidamente creció
en su rededor su propia ciudad. Ya el hombre tenía que dejar su hogar para ir
a trabajar. El ciclo del artesano comenzaba a extinguirse. La movilidad de la
ciudad tomaba su ritmo. El
hombre comienza a perder valores frente a los dueños de las industrias, que ven
en la máquina a su primer y más importante accesorio. Comienza a darse una nueva
organización del trabajo. La explotación del hombre alcanza aquí sus picos más
sombríos. Las sociedades de beneficencia que albergan niños pobres y/o sin padres,
los alquilan para que éstos trabajen 12-14 horas diarias en las minas o industrias.
La ciudad era muda testigo de todos éstos dramas. El rígido estilo de las ciudades
medievales pasa al olvido. Las ciudades comienzan a crecer vertiginosamente, de
cualquier forma. Lo único que las diferencia es la riqueza de la miseria. Está
el sector de los ricos, allí el pobre no puede ni pensar en estar. Y está también
la “fabela”, “ghetto” o “villa miseria” de nuestros días, de las que ya no se
diferencia con las de aquellas épocas. Los pobres tenían y tienen un solo patrimonio:
sus hijos y ya estamos en el tercer milenio. La urbanización moderna ha creado
un nuevo e insospechado sistema ecológico. La ciudad ha reemplazado a la vieja
reciprocidad ecológica entre el hombre y la naturaleza que reinó y reguló su vida
durante milenios¹. Al
urbanizarse el hombre deja de depender ya de los factores exclusivamente naturales,
y esto no ha sido del todo tan bueno para el ser humano. Lo
cierto es que esas formas de vida fueron construyendo otro tipo de hombre. Hemos
creado nuestro propio entorno sintético, y ello nos ha llevado a depender de él.
No es posible inmaginar hoy que sin ese entorno podamos sobrevivir, aunque es
válido afirmar también que ese entorno nos suma día adía nuevos y más complicados
problemas, que amenazan nuestra propia supervivencia. Según la teoría que aceptemos
el hombre vive en éste planeta, desde hace ya por lo menos unos cuantos milenios,
que algunos lo llevan algo así como un millón de años. Si nos detuviéramos a pensar
que el hombre a sobrevivido a todas las otras especies, las cuales eran más fuerte
físicamente que el hombre y más veloces, es fácil deducir que su supervivencia
estuvo dada esencialmente por su inteligencia. No era precisamente el hombre quién
tenía las garras más poderosas. Ni tampoco eran nuestros antepasados quienes tenían
los colmillos más afilados y duros. Frente a su hábitat de aquel momento sólo
tenía su capacidad para razonar y para pensar, eran y siguen siendo sus armas
más eficaces. Cada invento que fue produciendo, desde el rudimentario palo que
utilizó para arar la tierra o defenderse de los animales, hacía que aumentara
sus posibilidades de supervivencia. La agricultura y la cría de animales lo acercaban
aceleradamente a nuevas y revolucionarias formas de vida. Había una relación inseparable
hombre tierra. En ésta relación fueron dándose los incipientes sistemas sociales,
comunidades primitivas, formas de religión, de comercio, etc. Con la urbanización
el hombre dio un paso gigantesco al vacío. En primer lugar comenzó a comunicarse
entre distintos grupos, ya sea por razones culturales, religiosas o simplemente
de intereses.- ¿Cómo
surgieron las primeras ciudades?
Las
ciudades griegas y romanas, en sus comienzos, según los historiadores, no fueron
producto de la casualidad y de la improvisación. Se las planeó y se las organizó
socialmente antes de que iniciaran su existencia. Unos de éstos historiadores,
Fustel de Coulanges, sostiene que entre los antiguos, una ciudad jamás se formaba
gradualmente mediante el aumento lento del número de hombres y de casas. Fundaban
una ciudad de una vez, toda entera en un día, pero los elementos de la ciudad
debían estar listos antes, y ésta fue la tarea más difícil y corrientemente la
más vasta. En cuanto a las familias y las tribus acordaban reunirse y aceptar
un mismo culto, inmediatamente fundaban una ciudad era siempre un acto religioso.
Hoy, sin embargo, construimos nuestras ciudades para la cohabitación de grupos
no reconciliados culturalmente. Cuándo
las familias y las tribus se confederaban para formar una ciudad nueva, traían
consigo sus dioses, sus fuegos sagrados y el respeto por la propiedad. “En las
casas de todos los griegos y romanos había un altar, en ese altar siempre había
una cantidad de cenizas y algunas brasas”. Coulanges dice que este fuego perpetuo
era considerado el espíritu de los dioses familiares, los antepasados. Los muertos
eran enterrados en un espacio reservado de la tierra de cultivo que poseía la
familia. Todavía hoy pueden observarse vestigios de esta vinculación de fuegos
espirituales, adoración y respeto por la tierra familiar en lugares tan separados
como el Japón rural y algunas comunidades de indios mayas en el interior de Guatemala.
Para
un pueblo agrario era lógico que las tierras privadas tuviesen un sentido temporal
como religioso. El derecho romano tiene un especial respeto por la propiedad privada,
el cuál fue trasladándose a través del tiempo. Aún hoy en nuestras ciudades sigue
firmemente aferrado el criterio de asociar la seguridad familiar al derecho de
la propiedad. Dos
estilos de vida distintos como lo son sin dudad el sector agrario y el sector
urbano, producen por supuesto distintas interpretaciones de la vida y de la sociedad.
Tienen distintas creencias, distintos valores culturales y hasta distintos valores
materiales. El
agricultor es propenso a aferrarse a formas más autosuficientes, rechaza la interdependencia
a que se ve obligado adecuarse el hombre de la ciudad. Thomas
Jefferson solía decir que el hombre de campo con su propio terreno que pudiese
cultivar él y su familia, gozaría de seguridad económica y, por lo tanto, sería
independiente políticamente. Como consecuencia de ello se obtendría un pueblo
virtuoso y democrático. Ello llevó a considerar que la compra del territorio de
Louisiana a Francia no sólo serviría para alejar a los franceses de las puertas
de la nación; sino que, al mismo tiempo, podía proporcionar terreno a todos aquellos
que lo pretendiese. Era ésta la forma cómo el hombre de campo vivía y sentía sus
formas de vida. En
lo que hace al hombre de la ciudad, ha construido una nueva clase y nueva hasta
aparente fascinante forma de vivir, pero aún muchos de sus comportamientos están
enraizados en valores típicos del campesino. La
familia, ya sea la del campesino como la de quién vive en la ciudad, es una unidad
orgánica, conforma el mecanismo de toda una forma cultural y social de vida. Incluso
en su manera de comportarse políticamente actúa de manera distinta al hombre de
la ciudad. El campesino europeo o americano es poco propenso a apoyar a los partidos
políticos que tienen como basamento una amplia estructura social. Desea que el
gobierno se mantenga alejado de sus cosas, salvo, claro está, cuándo se trata
de subsidiar sus productos. El
hombre de la ciudad, impulsado por el sentido de la subsistencia que desarrolla
la misma ciudad, insiste en obtener servicios importantes del gobierno. Desde
una educación pública de alta jerarquía, pasando por un sistema de seguridad social
público, que no exige ni tiene el campesino. Es el hombre de la ciudad el que
vota a favor de costosos caminos y eficientes servicios de transporte público.
Incluso en los países altamente desarrollados es el habitante de la ciudad es
el que generalmente está más a favor de mantener una maquinaria bélica, cuyo fin
económico es de asegurar ingresos extras provenientes de los países subdesarrollados.
Además, es la ciudad con sus habitantes quien provee los mayores recursos para
el desarrollo y poderío de una nación, hecho éste que no se verificaba, por ejemplo,
a principios del siglo, época en la cual la participación del sector agropecuario
en la composición del PBI de cualquier país era el más importante. El
drama de las ciudades hoy La
finalización de la segunda guerra mundial produjo muchos cambios, entre ellos
uno que no parece tener visos de solución y que, por el contrario, crece más y
más. La emigración interna hoy, en nuestros países principalmente, ya no son únicamente
jóvenes emprendedores quién abandonaban el medio rural para probar fortunas en
las ciudades. El éxodo es masivo. Han podido comprobar que aún viviendo en villas
de emergencia están mejor que en su pequeño pueblo (o al menos lo creen). Tienen
allí todas las “cosas” fascinantes que la radio y la TV le trasmitieron durante
tantos años. Desde la elemental luz eléctrica, pasando por la posibilidad de ver
a su equipo de fútbol favorito, las comunicaciones de flujos y reflujos, el cine,
etc., o lo que es más importante todavía, ya no tienen que depender de un patrón
exclusivo, puede cambiar pero no tan fácilmente por que están faltos de capacitación
para encontrar el escaso trabajo que hay en las grandes ciudades. La
ciudad le dio cierto grado de independendencia, de comodidades, y no están dispuestos
a perderlo. Así es como se acumulan los problemas en las ciudades. Además
no sólo la falta de vivienda, a ésta constante invasión se le han creado problemas
de todo tipo. Desde los problemas de higiene y contaminación, pasando por problemas
culturales, de abastecimiento, etc. Cuándo una familia consigue superar el marco
de la miseria y promiscuidad en que vive, y traslada a zonas más ordenadas, una,
dos, diez familias están prontas a reemplazarlas. Este
problema no es privativo de los países en vías de desarrollo. También sucede en
los países desarrollados. Veamos si no qué sucede en los ghettos de Nueva York,
o en los barrios de los latinos. Los
nuevos pobres de Europa son hoy los inmigrantes turcos, argelinos, portugueses,
griegos, que llegan a las grandes ciudades para realizar las tareas mas ingratas.
Para ellos fue un mejoramiento de sus condiciones de vida. Ahora tienen la posibilidad
de enviar a sus familias algún dinero. Pero el nivel en que viven en las grandes
ciudades como Berlín, París, Ginebra, etc., está muy lejos del nivel y confort
del nativo. Estas
formas de vida en las grandes ciudades, trajeron consigo un pavoroso drama social:
la pérdida de identidad, la marginación, la drogadicción, la corrupción, la promiscuidad,
el hacinamiento, la delincuencia de todo tipo, la degradación, la muerte ya que
la vida humana vale muy poco en las grandes urbes y nos falta agregar que con
la informática el hombre e vez de sentirse comunicado se siente aún mas aislado.
En
el año 1970 hice una progresión de ciudades al año 2000, arrojando el siguiente
diagnóstico que inexorablemente se está dando, y me refiero al ritmo de urbanización
en el mundo. Decía taxativamente “al actual ritmo de urbanización, entre 1970
y el año 2000, el mundo requerirá la formación del equivalente de 2000 ciudades
nuevas de un millón de habitantes cada una. Este enorme crecimiento ocurrirá principalmente
en los países en desarrollo y en las ciudades que experimentan graves déficit
de infraestructura y vivienda. Los países en desarrollo se encuentran al borde
de una crisis urbana sin precedentes en la historia del mundo”. La delincuencia
no es sólo motivo de la pobreza. Creo que en ella se suman o conjugan los problemas
económicos con los problemas culturales y educacionales, que la globalización
está muy lejos de poder solucionarlos. Las
formas concretas de la miseria de las ciudades
Casi
todas las ciudades del mundo tienen su “villa de emergencia”. Estas zonas son,
en la práctica, el lugar de asentamiento para los marginados. Los
rasgos económicos más característicos de la cultura y de la pobreza en las grandes
ciudades incluyen la lucha constante por la vida. Períodos de desocupación y la
sub ocupación, el cual no alcanza ni para la subsistencia. Ello lleva al trabajo
infantil, a la imposibilidad de ahorrar, a la permanente ausencia de los alimentos
imprescindibles para la familia. El sistema de compras por parte de éstos grupos
no puede desarrollarse más allá que el de comprar en forma fragmentada, pequeñas
cantidades de alimentos, y otros ya comen basura. El
caso de los extranjeros suele agravarse todavía más porque éstos, en muchos casos,
no tienen legalizada su situación, lo que permite su explotación por organizaciones
montadas a esos efectos, pagándoles sumas irrisorias sin cubrir ni las más elementales
normas sociales y a otros no les pagan. En muchos casos éstos “inmigrantes furtivos”
hasta tienen cerradas las puertas de los hospitales públicos por la imposibilidad
de mostrar su documentación. Sucede tanto con los turcos de Berlín como con los
italianos, yugoslavos o españoles en Suiza, argelinos en Francia, o latinoamericanos
en EE.UU., o con los bolivianos, paraguayos, peruanos en Argentina. Este tipo
de inmigrantes no tienen posibilidades de insertarse en la sociedad para la cuál
trabajan. Viven
dos mundos al mismo tiempo, nada compatibles entre ellos. La cultura, el idioma,
la religión, las formas de vida, incluso hasta el clima es distinto. El inmigrante
no tiene otro camino que acercarse a sus propios connacionales. Los griegos, por
ejemplo, que en crecido número están en Alemania, para sus fiestas no tienen otra
alternativa que celebrarlas en estaciones ferroviarias. Los italianos se acercan
a las iglesias, a veces protestantes, para reunirse, recordando las costumbres
de sus tierras. Por
todo lo expuesto no me queda más remedio, y con profundo dolor y preocupación,
que calificarlos “nueva clase” como los esclavos del tercer milenio. Estos
parias sociales sin embargo se han constituido en un excelente recurso para sus
pises de origen. Los yugoslavos radicados en el exterior significan para su país
la segunda fuente de divisas, mientras que los inmigrantes españoles ocupan el
tercer lugar. Su emigración, además alivió tensiones sociales por la falta de
trabajo que existe en su país, y a su vez lo proveen desde el exterior de divisas
que el país se desespera por reunir, también alivian el déficit habitacional a
sus países. Lo mismo sucede en la Argentina con nuestros hermanos latinoamericanos.
En
estos países se han formado numerosos grupos de opinión, que en algunos casos
cuentan con el apoyo de sectores sindicales, los cuáles tienen como único fundamento
lograr la expulsión de los extranjeros, como también ocurre en nuestro país. Con
esto está vigente lo del espacio vital. Interrogantes
para el futuro Si
la descripción del panorama actual podemos calificarla de negativa, las tendencias
que las mismas señalan para el futuro son más sombrías aún. La
ciudad debería ser el lugar destinado a la realización del hombre, tanto individual
como socialmente. Sin embargo, a medida que los problemas se agravan, se convierte
en una trampa feroz. El
avance tecnológico, antes que solucionar los problemas, los a complicado mas aún.
Hacinamiento, ruido, smog, villas miserias, etc,etc, etc. Por
ello me atrevo a decir que las ciudades modernas se aproximan más a la pobreza
que cualquier otra cosa. Ya no es posible encontrar en países como Japón, o los
de Europa occidental, la separación clásica que antes había de ciudad en ciudad.
Sólo existe una separación teórica se han convertido en mega-ciudades, en verdaderos
países. ¿o de que forma podríamos llamar a los 54 millones de japoneses que viven
en un radio de 60 Km2 tomando a Tokio como centro? ¿O quienes pueblan la cuenca
del Rhur, que superan los 37 millones de habitantes? Otro tanto podríamos decir
de las zonas de EE.UU., Gran Bretaña, Francia, etc.
¿Cuántas veces la angustia que provocan ésta gigantescas ciudades han sido causantes
directos de las drogas y el alcoholismo, por que gran parte de la población, ya
no quieren entrar en el sistema más bien quieren escarpase de él por ello que
han bajado los brazos entrando al mundo de las drogas, y del suicidio colectivo.
Gran parte de la juventud mundial ha perdido el interés por vivir. El
crecimiento vertiginoso de las ciudades es generado por la explosión demográfica,
a quién debemos sumar el continuo despoblar y traslado de nuestros campos a las
ciudades. No importan las condiciones que deban soportar. Las
legendarias favelas de Río de Janeiro en 1950 albergaban a 419.000 personas, hoy
más de 1,85 millones de brasileños pueblan las favelas de Río. Este ejemplo se
repite intermitentemente en cualquier ciudad que tomemos. 2°
Parte Ciudad,
cultura y futuro Hemos
dedicado una buena parte del espacio a señalar los gravísimos problemas que hoy
presenta el mundo con relación a la vivienda. Sin embargo considerando lo que
la ciencia y la técnica pueden llegar a realizar, queremos señalar, aunque más
no sea como una formalidad “utópica”, las posibilidades que se barajan hoy con
relación a las ciudades del futuro. Por
ejemplo un arquitecto griego habla de la ciudad “cósmica”. Es ésta un inmenso
edificio, cuya base tiene un cuadrado con una superficie de 30 cuadras de lado,
y cuya altura es de 5.000 metros, algo menos que nuestro Aconcagua. Este griego
de nombre Xenakis, afirma que pueden vivir allí 5.000.000 de personas. Por supuesto
con todo el confort que la tecnología nos pueda dar, para que el hombre entre
en su plena realización. Si non propusiésemos encontrar un ejemplo de sociedad
opulenta, dinámica, potente, seguramente coincidiríamos que los EE.UU., reúne
todos los requisitos. Sin
embargo todo el poder, todo el esplendor que simboliza la sociedad americana no
la exime de contar con una fuerte dosis de pobreza urbana, una pobreza que parece
ser privativa de los países sub. desarrollados, por lo tanto está muy lejos de
realizar ésta ciudad cósmica. Mi
propuesta es la ciudad inmaterial, teoría propia que no vale comentar en éste
trabajo, porqué corro el riesgo que sea incomprendido, ni tampoco es el momento
apropiado para largarla. El
tema de la pobreza no será posible combatirlo si no se está dispuesto a modificar
las bases socioeconómicas de la sociedad. Dicho de otra forma, el problema de
la vivienda no se soluciona en forma individual, del conjunto. Sus posibles formas
debemos encontrarlas en esas transformaciones. Los
marginados del mundo ya no creen en las instituciones, por que ya no solucionan
nada. Hay
una ley física que dice “que a toda causa corresponde un efecto”. Nos preguntamos,
¿los pobres son causa o efecto en la sociedad? Creemos que son un efecto de los
problemas socioeconómicos, y no la causa de éstos. Quizá el ejemplo de Brasilia,
debe ser tenido en cuenta para cualquier planteo global de la vivienda. No basta
con planear una ciudad con todo el desarrollo que la arquitectura está en condiciones
de brindar. Las condiciones sociales de Brasil terminaron influyendo de manera
decisiva en Brasilia. En materia de viviendas, no es posible separar la obra en
si que se está en condiciones materiales de construir, sino que ella debe estar
íntimamente relacionada con el contexto social y espiritual del pueblo que debe
habitarla. La
ciudad tal como la conocemos, ha cumplido su ciclo, de aquí en más deberá ser
diferente. Debe ser indivisible de esa “nueva sociedad” ese “nuevo hombre”, que
se pretende construir. El
estilo actual de las grandes ciudades: anarquía individualista y funcional Ya
nadie duda que se ha perdido todo entusiasmo por las soluciones que el utilitarismo
industrial impuso durante tantos años, y que sin duda aún persiste, más que porqué
se lo acepte, por las distintas condiciones que sociales y económicas que obligan
al mismo. Continúan
construyéndose edificios y aglomeraciones rígidas por el más puro tecnicismo industrial.
Otro
tema aparentemente sin solución es la ordenación arquitectónica de las ciudades
antiguas, especialmente aquellas con la gran riqueza de monumentos y tradición
de sus edificios, Europa es un claro ejemplo de ello. El llamado tecnicismo industrial
ha desgarrado barrios enteros, destruyendo en muchos casos para siempre signos
concluyentes de toda una etapa de la cultura y de la historia de esos pueblos.
El
papel de las ciudades en el proceso de desarrollo Las
ciudades son muchas cosas, por supuesto, pero esencialmente son un instrumento
para proporcionar a todos sus habitantes una vida más productiva. La
mayoría de las ciudades enfrentan el mismo drama: cómo evitar la amortización
prematura del hombre latinoamericano, sujeto al trauma y la injusticia, y la manera
indigna de cómo ha sido asentado en la misma tierra que vivimos nosotros. El
hombre latinoamericano sufre también lo que podríamos denominar la incidencia
de la transferencia de valores de una sociedad más opulenta a una sociedad deficitaria
y abandonada. Estamos buscando soluciones a la gente de menores ingresos, más
originadas por nuestro propio criterio de valores y necesidades reales de la gente
de nuestras áreas marginales. La
más grande frustración del hombre de hoy es sentirse marginado en un mundo de
intensa comunicación masiva, sin posibilidad de participar activamente en las
tomas de decisión, debemos crear en sentido los mecanismos de diálogo, que abran
las puertas a la participación cívica. Del éxito que podamos alcanzar hacia éste
objetivo, dependerá la circunstancia de un mejor futuro para todos, Vamos a entrar
en el año 2000 con el doble de la población que había hace 25 años, obviamente
me estoy refiriendo a América latina, enfrentando tremendos problemas de población,
alimentación, desarrollo urbano, etc., etc. Historia
de las ciudades en América Durante
el período precolombino, existió una planificación de la ciudad. Fueron construidas
primero y remodeladas después, por quienes detentaban el poder, y adecuaron las
ciudades para cumplir determinadas funciones. En la práctica la actitud de los
grupos dominantes fue la incorporación de medidas reguladoras y ordenadoras del
crecimiento urbano a diferentes escalas. Para
ello fue necesario que existiesen determinadas condiciones políticas, económicas
y sociales, para que éstos grupos decidiesen e implantasen ambiciosos programas
de desarrollo rural y construcción urbana. Este peculiar sentido planificador
utilizó la repetición de criterios uniformes basados en soluciones experimentales
y trasmitidas a otras culturas. Los historiadores coinciden en general en sostener
éste concepto, y dan como ejemplo las comprobaciones efectuadas en ciudades como
Teotihuacan, Tenochtitián y Chan Chan entre las de mayor importancia. En
un trabajo publicado en los EE.UU en 1973 “Precolumbian Cities”, su autor, J Hardoy,
sostiene al referirse al crecimiento urbano de las ciudades de América central
que pueden observase en las mismas un conjunto de características o funciones,
para definir a las ciudades precolombinas. Un plano urbano y calles, una estructura
jerárquica de la sociedad, un centro comercial que depende en cierta medida del
trabajo agrícola de gente que vive fuera de la ciudad, un centro de transformación
de materias primas importadas en parte de otras regiones. Según Hardoy, la mayoría
de las ciudades se originaron sin un plan coherente, excepto los centros ceremoniales
y religiosos. Por
su parte, Schaedel R, en su trabajo “The city and The Origin of de states in América”
considera que el desarrollo de la ciudad en el proceso de urbanización fue en
gran parte paralelo a la centralización de los más altos niveles de integración
política representados por el estado secular. L a existencia de la ciudad es una
precondición para la consolidación permanente del estado. El autor termina afirmando
que aunque el estado puede aparecer temporariamente sin la cristalización de sus
funciones en un asentamiento diferenciado, su continuidad solo puede encontrarla
en una verdadera estructura urbana que consolide, si no intensifique, su estratificación.
Tenochtitlán
fue la ciudad mas poblada e importante de toda América, con antelación a la conquista.
Su templo mayor fue sin duda el conjunto arquitectónico más extenso y monumental
de la época de América, y uno de los más importantes del mundo. Tanto la ciudad
como el templo fueron destruidas durante el sitio que precedió a la caída definitiva.
El trazado del templo en una superficie superior a las 16 Has, y la ciudad que
lo circundaba que llegó albergar, según los historiadores a casi 200.000 personas,
dicen con elocuencia del grado de desarrollo no solo arquitectónico o urbanístico
que alcanzó esta espectacular civilización, si no también la organización social
y económica capaz de mantener en movimiento una ciudad de esas dimensiones. Hubo
ciudades como la de Teotihuacan, que más allá de sus dimensiones—fue una de las
ciudades de la era preindustrial más grandes del mundo—alcanzaron a mantenerse
activas con sus formas de gobierno y de vivienda más de 500 años. Su
esplendor cultural religioso, político y económico fue comparable incluso a ciudades
como Roma, la Mecca oBenares. John
Rowe en su meticuloso estudio sobre los Incas “what Kind ojf a Settlement was
Inca Cuzco” sostiene que Cuzco fue la capital política y administrativa de un
gobierno muy centralizado en un gobernante absoluto. Cuzco fue quemada por los
propios Incas cuando asediaron a los españoles, en 1535, para luego ser reconstruida
como una ciudad española. Sin embargo, a pesar de todo ello, todavía el indígena
de la región continúa construyendo su casa en la misma forma que la construyeron
sus antepasados, hace ya más de 500 años. Apenas
su han suplantado algunos materiales, en la construcción de las mismas, pero manteniendo
sus formas en todo sentido. El prestigio del Cuzco fue una consecuencia directa
de sus fundaciones como sede del gobierno imperial y centro religioso y centro
religioso. Su crecimiento físico y demográfico, su riqueza y su gravitación como
centros de servicios fueron paralelos al crecimiento del poderoso imperio Incaico.
En su trabajo Rowe distingue entre los distintos tipos de clases que integraban
la comunidad Incaica, u las formas que éstos vivían, ya sean comunidades agrícolas
o habitantes urbanos. El grado de desarrollo urbanístico alcanzado por éstas comunidades
es elemento llamativo. Desde la solidez de las construcciones que efectuaban pasando
por las líneas y trazados de sus ciudades, la primacía de la ciudad sobre los
grupos agrícolas era de por más evidente.
Un estudioso de todas las formas urbanísticas Incaicas como sin duda lo es Schaedel,
sostiene que a pesar de los errores estéticos que pueden detectarse en las comunidades
urbanas, se adaptaba muy bien al medio ambiente, y que sin duda debería ser tomado
en cuenta para el planeamiento urbano hoy en día. Lo
que muchos historiadores definen como “cultura material de los Incas” ejerció
notable influencia sobre todas las formas de vida de todas sus comunidades. Construyeron
carreteras, puentes y grandes depósitos que se suponen fueron el almacenamiento
de alimentos y su procesamiento. Además, los Incas habían desarrollado una adecuada
tecnología no solo para la construcción de complejos caminos y puentes, sino que
transportaron las mismas a sus viviendas, haciéndolas resistentes y seguras. En
todas las ciudades Incas de han observado con nitidez, que las mismas estaban
claramente diferenciadas por los distintos estratos sociales que la habitaban.
La
urbanización colonial Innegablemente
quienes vinieron a América a partir del siglo XVI no eran constructores ni educadores,
Su misión fundamental, exclusiva, era la de colonizar tierras para el entonces
poderoso imperio Español, y trasladar las riquezas que pudiesen obtener a España.
Europa, por su parte, vivía influenciada por la cultura del renacimiento. Leonardo
Benévolo en su libro “Las nuevas ciudades fundadas en el siglo XVI en América
Latina” sostiene que “el esquema urbano ideado en América Latina en las primeras
décadas del siglo y consolidado por lo que se llamó ley de 1573, fue el mismo
esquema que se utilizó en todas las ciudades, no importaba el clima ni la topografía
del terreno”. El
problema indígena provocó toda clase de controversias en los españoles que llegaron
a América durante las décadas que siguieron a los primeros viajes de Colón. Algunos,
como Las Casas, afirmaban que los indígenas eran obedientes, pacíficos, pacientes
y virtuosos. Otros, por el contrario sostenían que el indio era perezoso, vicioso,
melancólico y cobarde. Estas dos formas diametralmente opuestas de juzgar al indio,
llevó a que en 1513 se sancionase la ley de Burgos, la cual establecía que aquellos
que mostrasen capacidad y deseo de convertirse en cristianos, debían ser dejados
en libertad. El
primer intento realizado en 1516 a través del envío de tres frailes Jerónimos
no dio resultados. La arbitraria política seguida para que españoles e indios
conviviesen, hizo que se propagaran una serie de enfermedades contagiosas que
provocaron, tanto de parte de los defensores de los indios, como de sus detractores.
En
1520 el rey por medio de su emisario- Rodrigo de Figueroa- Hizo que se les entregaran
elementos de labranza a los indios, pero éstos prefirieron regresar a sus antiguas
formas de vida. Rechazaron drásticamente vivir en las aparentes cómodas ciudades
de los españoles. Las
ciudades en aquellos momentos estuvieron influenciadas casi en exclusividad por
las ideas muy limitadas que los conquistadores tenían de las mismas, y el servicio
que éstas debían prestarle. Era esencial que estuviesen ubicadas en lugares aptos
para defenderla, y además con posibilidades de alimentarse en forma autónoma.
Estas particulares formas de construirlas, hizo que estuviesen mal comunicadas
entre si, y con pocas o ninguna posibilidad de prestarse ayuda en caso de ataques.
Los españoles separaron en todos los casos sin excepción sus viviendas de los
indígenas, que aceptaron de alguna forma pertenecer dentro de su radio de influencia.
En general las ciudades construidas por los españoles tenían entre si muchos paralelos,
constaban de una plaza mayor, con cuadras (dameros) trazadas que convergían hacia
la plaza. Rodeando a esta plaza, estaban los edificios más importantes de la ciudad.
La iglesia, los negocios, los funcionarios, etc.. La
globalización de los cuatro jintes del Apocalipsis Compartiendo
“los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro
tiempo, sobre todo de los pobres y cuántos sufren”, debo decir para contribuir
desde mi interior sobre los problemas, donde se juegan la existencia y el porvenir
de los hombres y los pueblos. Y cuándo se visualizan todos los problemas y desafíos
implicados en el hábitat humano. ¿Quién
puede dudar de la existencia y el porvenir de la humanidad se afronta desde una
perspectiva singularmente grave, compleja y de vasta magnitud? Resulta
hoy evidente que las condiciones generales del medio humano sufrirán cambios profundos,
que afectarán a la misma civilización, en las próximas décadas. Bajo los impactos
de múltiples influjos combinados con el crecimiento acelerado, con el ritmo vertiginoso
y concentrado de urbanización, con el tránsito de las sociedades agrarias hacia
diversas formas de industrialización, con los complejos de migración en cuadros
nuevos de movilidad humana,, con la difusión de todos los niveles de los progresos,
científicos, tecnológicos y educativos, de la creación de nuevas condiciones y
espacios políticos y económicos, etc., nuevos horizontes- cualitativamente diversos-
de perfilan en cuanto al hábitat de los hombres y de los pueblos, la inmensidad
de los desafíos que abre tal perspectiva y de las tareas y recursos que exige
para “preparar para todos los habitantes de la tierra un medio conveniente y verdaderamente
humano”. ¿Se
está en verdad preparado técnica, política y espiritualmente para enfrentar con
serenidad tales urgentes problemas del medio humano, para sobreponerse al alud
agobiante de los acontecimientos espontáneos que los alimentan sin cesar, para
elevarse por encima de Hábitos e intereses arraigados y dominar así las tendencias
de evolución, controlándolas y orientándolas hacia soluciones plenamente humanas?
Dada
la magnitud y velocidad de todos los procesos de cambio del medio humano. La complejidad
de la implantación y adaptación de las comunidades humanas en dicho contexto,
la despreocupación, o ignorancia, o resistencia a dichos desafíos, es necesario
una estrategia deliberada—a escala nacional e internacional---lucidamente programada
para crear las condiciones capaces de mejorar sustancialmente la morada de los
hombres en su existencia histórica. Entrando
y mirando al tercer milenio Ante
los problemas del medio humano que se vislumbran en las previsiones y predicciones
del año 2000, ¿ quién puede hoy confiar, en los efectos moderadores y “salvíficos”
del progreso material dejado al azar o las simples fuerzas de la economía? La
contracara de un optimismo liberal irresponsable es un pesimismo desesperanzado
que se manifiesta en augurios catastróficos y apocalípticos. Además, por todas
partes se ven los efectos advertibles de un crecimiento descontrolado, desequilibrado
y desigual que sigue su curso manifiesto en las injusticias evidentes que exigen
un nuevo orden económico internacional, en el desarrollo caótico y anárquico de
la urbanización, en la marginalidad ecológica de vastos asentamientos humanos
(barrios, áreas rurales y pueblos) mantenidos al margen de los logros de la civilización,
en la contaminación ambiental. Pero,
por cierto el nuevo orden internacional no es la cruel globalización, que hoy
se está planteando. Igualmente evidentes son los males que afectan al medio humano
y que brotan de la existencia de edificios masivos y desperzonalizantes que son
expresión de un colectivismo que, en teoría o en la práctica, niega dignidad suficiente
a la persona o a la estructura humana de la familia. El
dilema resulta, pues, esencial. O se adquiere la capacidad se afirma la voluntad
real de construir deliberadamente- dominando su crecimiento, regulando su organización,
logrando un uso acomodado al bien común- un hábitat sustancialmente diferente
del que las actuales condiciones producen, o las nuevas generaciones recibirán
el triste legado de un medio humano incapaz de satisfacer las aspiraciones a una
vida digna y feliz para todos. Las
exigencias de la vida privada, personal y familiar, exigen que la vivienda sea
también la base de encuentros, intercambios y enriquecimiento mutuo en el orden
de la vida social, Y todo ello implica una distribución y concepción apropiada
de ciudades a dimensiones humanas, un desarrollo de unidades de vecindad y nuevas
formas comunitarias de relación y cooperación, un adecuado sistema de transportes
y comunicaciones, la reducción de distancias agobiantes entre hogares y lugares
de trabajo, una preocupación estética por la belleza de la vivienda y su entorno,
verdaderas obras de arquitectura y no meras construcciones. Una nueva síntesis
entre las creaciones técnicas del medio humano y un ambiente natural que asegure
espacios libres y de recreo, y equilibrio ecológico y psicológico; en fin, hace
falta toda una nueva planificación, que deje espacio físico,social, económico
y cultural para la vida de las comunidades humanas. La
lección del pasado La
palabra civilización posee un doble sentido de acción de estado, pero es el primero
de ellos el que le da toda su significación. La civilización es una acción de
civilizar, un perfeccionamiento; perfeccionamiento que puede considerarse como
un desarrollo progresivo, irregular y desigual de las funciones sociales, coordinadas
y a pesar de ello relativamente autónomas, en las técnicas de la economía, el
pensamiento, el placer y las artes, la organización y la coordinación de la vida
colectiva. En
el sentido del estado, la palabra toma una significación más general pero esencialmente
descriptiva y estática; es el conjunto de los caracteres que presenta la vida
de un grupo o de una época. Este sentido de doble acción de estado acentúa dos
aspectos opuestos y fundamentales de la vida social; variación y permanencia,
aptitud para el cambio y conservación de lo adquirido. Las
adquisiciones del hombre en el curso de su vida individual no se hacen hereditarias
y no se trasmiten a su descendencia. Nacida en la vida social, la civilización
sin embargo ha podido conservarse y progresar, a pesar de las fluctuaciones, por
la enseñanza y la tradición que llenan en la vida colectiva las mismas funciones
de transmisión conservación que cumple la herencia en la vida orgánica. Hacer,
innovar, inventar es el destino de los individuos. Las dotes del espíritu, el
gusto, la inteligencia y la invención, derivan, aún siendo desiguales y desigualmente
repartidas, de disposiciones hereditarias. A éstas dotes la sociedad contribuye
a desarrollar y permite que se realicen. Pero la innovación y la invención son
hechos aislados, perdidos para la civilización en tanto que sus esfuerzos no sean
fijados para la tradición. La
sociedad es necesaria. Ella es factor de permanencia, guardiana de las adquisiciones
anteriores que ella trasmite a los individuos y a las generaciones sucesivas actuando
como una potencia conservadora. Por
otra parte ella es también factor de variación, porqué solamente la vida colectiva
permite al individuo cristalizar sus posibilidades pues despierta y activa sus
dotes de iniciativa e invención. Los intereses del individuo y de la sociedad
son solidarios. La vida social implica en el fondo una solidaridad y una reciprocidad
de servicios determinados por las condiciones de existencia de la sociedad y del
individuo. Una sociedad es por sobre toda otra cosa una suma de individuos. La
vida de la sociedad tanto espiritual como material, es orgánica, porqué ese cuerpo
que nace, crece, se reproduce, o se reduce hasta desaparecer; que posee partes
que mueren y se reemplazan por otras producidas por generación, puede decirse
bien que se expresa como un cuerpo vivo; y como todo cuerpo vivo la vida de las
sociedades está sometida a ciertas condiciones. Ante todo una sociedad no puede
existir si los elementos que la componen no tienen conciencia de su existencia:
conciencia del pasado, conciencia del presente y del futuro, que nos da en definitiva
el sentido de permanencia. Esta conciencia se manifiesta por el sentimiento social,
sentimiento de pertenecer a un grupo y de dependencia frente al mismo. Luego
una sociedad debe asegurar su permanencia, porqué la vida no es plenamente válido
sino cuándo ella se prolonga en el tiempo y en el espacio. Conciencia y duración
postulan la existencia de los individuos; la sociedad debe pues tener en cuenta
sus condiciones de existencia tanto como las suyas propias. La ciudad es efectivamente
el cuadro de la vida social. Pero la ciudad no es una cantidad de edificios públicos
o privados vinculados a espacios libres. No se debe separar el continente del
contenido, la ciudad de sus habitantes, y sobre todo de sus acciones. La
función crea al órgano: el aspecto que representa la ciudad, su forma material,
es la resultante de sus condiciones de vida y todas las ciudades del presente
y del pasado lo atestiguan así. Entre
Tell-el-Amarna, simple agrupación de viviendas, bastante parecida a treinta siglos
de distancia a las aldeas de mineros del norte, y una ciudad como Priene, cuadro
de una forma superior de vida colectiva, se presenta toda una gama de transiciones
representativas de todos los regímenes. Los ejemplos son numerosos. Tomemos Nueva
York: es un organismo de células no diferenciadas. Loteo ordenado, pero el orden
no es mas que aparente, porque la diferenciación necesaria se realiza en la tercera
dimensión y las localizaciones orgánicas están hechas al azar bajo el imperio
impersonal de las cosas. En Montpazier el orden es por el contrario real, pero
el organismo que nos lo revela, embrionario; las necesidades materiales y espirituales
de los habitantes se hallan satisfechas pero las sociales no. La cabeza está en
otra parte. Korsabad y Cousy, ciudades de déspotas, nos presentan a veinte siglos
de separación, dos estructuras semejantes; la cabeza existe aquí pero lo absorbe
todo. La ciudad está a su servicio y lo divino es su instrumento de poder. La
ciudad se transforma en un órgano de la vida política pero no participa de ella.
Pekín
se nos aparece como la transición entre la ciudad de los déspotas y la de los
reyes. Creada por las necesidades de una política, es por excelencia el efecto
de la voluntad de un hombre en el que se vislumbra al soberano teñido por los
reflejos de la divinidad. Ciudades de príncipes, Caprarole, Richelieu, Versailles,
en las cuales la ciudad es solo una dependencia del Castillo. Ciudad de monarca,
el París de Napoleón III no es una ciudad creada, sino una entidad que revela
una voluntad continuada “el gran designio de los reyes” que Napoleón condujo a
su logro. En la composición del centro todo concurre a la exaltación del soberano.
El resto de la ciudad satisface las necesidades de la vida material y las del
espíritu, pero la vida política está centrada en las Tullerias, Hisphan y Carlsruhe,
se inspiran en los mismos principios. Washington es la capital de un monarca constitucional,
el presidente y el congreso se dividen el poder, pero la ciudad no toma parte
de la vida política. Pérgamo es la hija de Eumene; su palacio domina la ciudad,
y los edificios del culto se escalonan inmediatamente abajo, El arte y la literatura
gozan de honor, pero más que como el producto de la raza aparece como el fruto
de una doctrina. Si el teatro está abierto a todo el mundo la biblioteca sólo
sirve a una “elite”. La ciudad guarda de todas maneras un resto de vida cívica
que se manifiesta en el Ágora. Esta
vida cívica la sentimos débil pero íntegra en las ciudades libres de la edad media
tales como Rthenburg. Mezclada íntimamente con lo sagrado, es mucho más intensa
que las aldeas de los pueblos del pacífico. En la Pompeya republicana se la ve
expandir en forma completa pero es Priene la que nos da la representación más
acabada. Priene,
cuyo trazado elemental puede mover a sonrisa, es sin embargo una de las ciudades
como organización espacial de la sociedad ha encontrado su más alta expresión.
Situada sobre las riveras Jónicas, Priene, la segunda Priene más exactamente,
pues la primera fue sepultada bajo los aluviones del meandro, fue una ciudad creada
con deliberación. Fundada
alrededor del año 350 A.C fue trazada de una manera sistemática; su plan completado
por un gran eje este- oeste y un damero de alrededor de 80 manzanas con cuatro
a cinco casas en cada una que da a una población de tres a cinco mil almas, incluyendo
los esclavos. Sobre
el fondo de las viviendas se destacan los edificios públicos, pero lo que se ve
en Priene más que los edificios del culto, son los órganos de una vida política
libre y consciente, y lugares tales como los gimnasios, el teatro, el estadio,
destinados a la satisfacción de necesidades específicamente sociales. El Ágora
centro de la vida política y comercial donde reina el pueblo, está emplazado sobre
el gran eje este-oeste. El Ágora comercial, al sur, es un vasto patio embaldosado
con mármol, con tres costados rodeados de pórticos y en el centro el altar de
la ciudad. El templo de Zeus flanquea al Ágora por el este mientras que al oeste
se ubica el pequeño mercado de pescado. El Ágora político, de poco ancho y separado
de la calle por un largo parapeto, se encuentra cerrado al norte por un doble
pórtico de acceso a los edificios administrativos de la ciudad, el Ekklesiasterion
sede de la Boulé y del Prytaneion. Al norte del Ágora está el gimnasio y más arriba
el teatro parcialmente excavado en la roca. Desde lo alto de sus graderías los
habitantes de Priene podían ver a su derecha, elevarse sobre sus altas fundaciones
el templo de Athenea, obra maestra de Pytheos con la vista del golfo látmico como
tela de fondo. El pequeño santuario de Démeter, aún más arriba, ponía la nota
sagrada en la roca coronada por la fortaleza. Un segundo gimnasio flanqueado por
un estadio, se edificó en la parte sur de la ciudad, poco tiempo después de su
fundación. Ni
la adhesión al suelo, ni la solidaridad del trabajo, bastan para constituir sociedades
suficientemente resistentes. Es por la acción común que la sociedad adquiere conciencia
de si misma.; ella es ante nada una solidaridad activa, pero ésta solidaridad
activa no puede manifestarse sino cuándo los individuos son semejantes. La simpatía,
reflejo casi automático, que es la base de los sentimientos sociales, no se desarrolla
con fuerza y eficacia sino cuándo los individuos se encuentran con sus semejantes.
Aún más, si en una colectividad que por su extensión y complejidad no puede ser
abarcada por el pensamiento, y que llega por la educación, el entrenamiento social
y la costumbre a poder ser captada en la especie de un signo o un símbolo, se
produce una regresión de los sentimientos sociales, no se pueden restaurar éstos
sino volviendo al contenido mismo del símbolo, es decir a la representación directa
del grupo. Hacer entonces un llamado al encuentro para provocar el contacto y
a la imaginación y el corazón para despertar los sentimientos sociales, es el
secreto de todos los métodos que buscan de reavivar o reforzar en nosotros el
sentimiento de lo social. Se percibe así la importancia de las reuniones, de las
ceremonias,, en las cuales puede importar menos el contenido que la forma, el
carácter tradicional, y su valor como testimonio de adhesión al grupo. Es así
que Priene, por el número y variedad de sus sitios de reunión, adaptados con perfección
a las diversidades de la vida colectiva, se nos aparece como uno de los ejemplos
de organización social más perfecta. La
ciudad es así un órgano esencial de la vida colectiva. Pero las funciones de una
ciudad son múltiples y complejas; algunas de orden general, son comunes a todas
las ciudades mientras que otras son particulares a algunas. Entre las primeras,
están las funciones que aseguran las condiciones de existencia de la sociedad
en su conjunto, otras conciernen a las condiciones de vida del individuo. Estas
funciones son: 1. Favorecer la eclosión del sentimiento social o su mantenimiento. 2.
Proporcionar marco a todas las instituciones sociales, políticas, culturales y
económicas. 3. Facilitar la vida de relación y las actividades de esparcimiento
y las actividades de esparcimiento. 4. Proporcionar a todos los habitantes,
alojamiento conveniente, es decir, en el cual el espacio, el aire, el sol, estén
asegurados con largueza. 5. Asegurar todos los servicios conforme con las
necesidades de la vida. 6. Para lograr todo esto aplicar el desarrollo sustentable
(por ejemplo: Código de planeamiento De la ciudad de Yerba Buena, Tucumán, Argentina.
Ordenanza 613/94) Las
funciones particulares son en realidad funciones sociales en la escala de la región
o la nación entera, y ella caracteriza la ciudad. Tenemos
así la ciudad capital (áreas metropolitanas), la ciudad universitaria, la ciudad
fortaleza, la ciudad puerto, la ciudad industrial, etc. A
pesar de su importancia, la función no es el único dato del problema. Establecen
otros la ubicación topográfica, la porción del suelo que ocupa la ciudad y el
cuadro geográfico. La ubicación recibe a la ciudad, pero es el marco geográfico
el que le permite vivir; porqué no menos que el organismo animal, el organismo
social no puede vivir ni crecer sino consigue procurarse los medios de subsistencia
necesarios, ya sea que los produzca en su propio suelo, ya que los obtenga por
intercambio de otros productos o servicios. La ciudad no es más que una parte
de un conjunto político y económico y su vida material está asegurada por los
recursos económicos, los productos agrícolas, las fuentes de materia prima, las
de energía, las de vías de comunicación del mencionado conjunto, por los flujos
y reflujos de las comunicaciones. Este cuadro geográfico tiene su extensión limitada
por las zonas de influencia de las aglomeraciones vecinas y no se debe encarar
un problema de urbanismo, y o planeamiento global sin referirse a sus elementos
constitutivos. La determinación de los ejes de la ciudad en el sentido de las
corrientes naturales de la circulación general de manera que sean resultantes
del marco geográfico debe ser la base del plan. Cada elemento debe tener su lugar
natural, cada órgano debe estar ubicado en el cuerpo urbano en el sitio en que
debe normalmente llenar su cometido, Será creado el orden urbano, no por un trazado
más o menos regular sino por la localización de las funciones. Estas funciones
no se ordenan solamente en el espacio, sino también en el tiempo en la apreciación
de las distancias. En
cuánto a la estética, se resuelve por dos reglas. Obteniendo sus efectos por la
sucesión de los espacios, ya que el espectador está en el interior y no en el
exterior, y de otra manera se opondría siempre la forma al fondo espacial. Por
la otra regla, el aspecto panorámico se ha de traducir en líneas que asocien el
relieve de las construcciones al del suelo, para que la línea general de la ciudad
adquiera así su significación en función del elemento dominante. El
urbanismo es un arte, es decir una síntesis y una acción, siendo su objeto la
creación, transformación o extensión de las aglomeraciones urbanas. La práctica
de éste arte se funda sobre cierto número de conocimientos por el conjunto de
disciplinas diversas, tales como la política, la sociología, la sicología, la
morfología social, la demografía, la economía, el derecho, la historia, la geografía,
la topografía, la tecnología, la estética: ser arquitecto. Estas
disciplinas salvo la primera y las dos últimas, suministran los elementos analíticos
necesarios para la comprensión del problema dado. La
tarea de realizar materialmente el proyecto del urbanista se confía a las autoridades
locales previa participación ciudadana. Esta realización fija por largo tiempo
las características de la ciudad e indica cuáles pueden ser en el futuro las repercusiones
de una carencia de preparación en el presente. El urbanista trabaja sobre todo
para el futuro, al satisfacer su propia generación corre el riesgo de pasar con
ella. Para organizar la sociedad en el espacio hace falta prever su evolución
y entre los datos del problema están los cambios sociales que ajustan su paso
al del progreso técnico, puesto que la buena forma de lograr la mayor eficacia
debe ser también la adaptación más exacta al fin perseguido. Una
sociedad no puede crearse sin gestar el ideal de un mismo golpe, es decir mostrar
el fin que se ha de perseguir. Este fin debe ser común a todos los elementos del
grupo, y de faltar se expone a una carencia de cohesión, y aún a una ruptura por
la negativa de una parte a sufrir las molestias comunes. Ahora bien; el ideal
de todo hombre, ideal consciente o no, es el de proveer a su propio logro, es
decir poder realizar todas las posibilidades de que la naturaleza le ha dotado.
Este poder de realizarse, la libertad en una palabra, se basa esencialmente en
dos condiciones: aceptación libre de las penurias sociales y disminución de las
molestias materiales que la obligación de satisfacer sus necesidades impone al
hombre. El papel de la política es del contribuir a realizar la primera de éstas
condiciones. Para ello debe construir el orden social de tal suerte que los lujos
de la sociedad tengan una impersonalidad, una objetividad y una autoridad comparables
a la necesidad de las fuerzas naturales. Si uno de los papeles de la política
es hacerle aceptar al individuo las molestias sociales, el papel principal de
la economía es el de librar al hombre en todo lo posible de las preocupaciones
materiales, es decir el de establecer una relación justa entre el trabajo forzado,
necesario para la satisfacción de las exigencias de la vida material y el trabajo
libre, actividad de esparcimiento. Es con éste fin que debe organizarse la producción
de todo lo que es necesario materialmente a la vida de la sociedad y de los individuos,
la circulación de sus productos y las modalidades de su repartición. El
advenimiento de las masas populares a la vida política, su transformación progresiva
en clases dirigentes, es unas de las características más salientes de nuestra
época. La evolución es inevitable y la ciudad del mañana será la ciudad del pueblo.
Ella deberá satisfacer a la vez las condiciones de existencia de la sociedad y
la de los individuos; condiciones que además se confunden en parte. En efecto,
para la eclosión de los sentimientos sociales, la vida de relación, el ejercicio
del pensamiento, actividades del juego, sociedad e individuos utilizan los mismos
lugares, tienen necesidad de los mismos marcos. Así, los lugares sagrados del
recuerdo, las plazas, los teatros al aire libre, los estadios, las salas de asambleas,
de teatro, de conciertos, de exposiciones, los grandes centros comerciales; todos
los sitios de reunión, que son el corazón de la ciudad, que hacen la ciudad. Es
la fuerza de atracción del centro la que ayuda a la comunión de los hombres. Cuándo
ésta fuerza de atracción desaparece para ser reemplazada por el deseo de evasión,
es signo de que la ciudad no responde más a su fin. Cerca del centro, los edificios
representativos. Portadores del símbolo, tales como las sedes de las instituciones
y los útiles del pensamiento; museos escuelas, universidades, laboratorios, computarizadas
bibliotecas, la ciudad se ordena alrededor del centro que cada vez se especializa
más. El
barrio de viviendas, y dentro de el, la casa. La casa dónde el hombre ejerce ciertas
funciones al abrigo del medio exterior: éstas funciones orgánicas y otras deben
satisfacerse en las mejores condiciones posibles. Pero este fin particular de
la casa es sobrepasado por su papel social, la que la casa es la cuna de la familia
y ella marca el trazo de unión entre una generación y otra. Además la casa debe
suministrar al hombre el ambiente donde pueda expandirse, dónde él podrá organizar
la vida a su medida. Si puesto afuera el individuo no es mas que un elemento de
grupo, en su casa puede ser él mismo: su personalidad debe poder afirmarse, el
hombre debe ser libre en su casa. El barrio de habitación es un todo que comprende
además de las viviendas, los centros sociales, el centro de salud, la iglesia,
la universidad, la escuela los jardines de infantes, los campos de deportes, y
cada vez mas los espacios verdes, sean públicos o privados, porqué tanto para
su equilibrio físico como para el espiritual, el hombre necesita contacto cotidiano
con la naturaleza, si ella debe ser eliminada del corazón urbano obra específicamente
humana, debe por el contrario, inundar por entero la habitación de los hombres,
los lugares de trabajo, fábricas, edificios de administración, comerciales, como
los grandes centros que se construyen con tan poca arquitectura, deben ser concebidos
y ubicados de manera de poder obtener la máxima eficacia del trabajo de los hombres,
y Satisfaciendo Además las condiciones físicas y psicológicas del mismo. Pero
el hombre sobre todo debe poder salvaguardar su dignidad en el cumplimiento de
su tarea. La
sociedad es la que hace al hombre. El urbanismo, que es la organización espacial
de la sociedad, debe así procurar de antemano satisfacer las condiciones que permiten
a la sociedad existir realmente. Lo que el urbanismo debe aportar en cambio al
hombre, es el sentimiento poderoso que no está solo, y al mismo tiempo debe proporcionarle
el marco que le asegure, junto con cierta alegría de vivir, el respeto de su dignidad
y la salvaguardia de su personalidad. Pero el urbanismo no sabría aportar la felicidad,
porqué la felicidad es un mito que el hombre persigue sin alcanzarlo jamás. Solo
el renunciación y la extrema prudencia, podrían, quizás, proporcionársela, pero
el hombre no puede renunciar, y prefiere encarnizararse en la vana persecución,
porqué ella es la vida misma. 3°
Parte Tierra
y agua para todos Cuando
tenemos por delante un tema como el de la tierra que es un recurso precioso y
limitado, al igual que el agua, no podemos dejar que algunos sectores puedan tener
toda la tierra que quieran y consuman toda el agua que les provoque, teniendo
como única limitación su capacidad económica. El hombre ha tenido que limitar
su libertad en función del bienestar común. Hemos aceptado, por ejemplo, limitar
la velocidad a la cual podemos conducir un vehículo en las autopistas, pero no
hemos aprendido a limitarnos en el uso de las cosas mas fundamentales como son,
los alimentos, el aire, el agua, la propiedad del espacio, etc. Debemos aceptar
que la libertad de los demás depende de nuestra conciencia para limitar nuestra
propia libertad. Espero como arquitecto urbanista, que estos temas de discusión
tenga una participación pluralista. Igualmente en lo que refiere, la tenencia,
control y el uso de la tierra en las ciudades; de ese espacio vital que se reduce
peligrosamente hasta el punto que ya casi no hay lugares céntricos en las grandes
ciudades de la América Latina, para que la gente pueda ser enterrada para morir.
Pienso
que no debemos renegar de nuestras identidades Latinoamericanas, aunque estemos
en este proceso de mundialización, estudiar nuestras propias necesidades, para
que no sea un simple reflejo de otras culturas y costumbres para reorientar y
miniaturizar lo que son nuestras necesidades reales y globalizar y planetizar
nuestros sentimientos de solidaridad. Porqué será un intercambio de experiencias
sobre cómo hemos sentido, visto y enfrentado el problema de los asentamientos
en América Latina. Es
motivo de mí más profunda preocupación, que todos los días el agua es cada vez
más costosa y más preciosa, que el aire se va contaminando gradualmente, que la
tierra disponible para la agricultura va disminuyendo terriblemente, devorada
por el avance de las ciudades, que los alimentos no son suficientes, que los hidrocarburos
como fuente de energía se van agotando, que la tierra parece ser mas pequeña,
y quiero recordar que el mundo con el avance de las ciudades pierde 2.020 Km2
por día, mientras que la población aumenta cada instante sin cesar y contante.
En las áreas metropolitanas de nuestro país, y me voy a referir a ellas solamente,
para expresar: áreas sin servicios adecuados, áreas traumatizadas, al igual que
muchos pueblos aislados en las zonas rurales que todavía no reciben los servicios
mínimos. Pero
no se trata mi clamor para hacer un nuevo inventario de la pobreza que sufren
injustamente los habitantes de las áreas marginales de nuestras ciudades y que
todos conocemos. Ya son de por sí complicados los problemas del desarrollo urbano
para que nos sumemos nosotros a los que utilizan la miseria como un instrumento
de política para sus propios fines, a los que utilizan el descontento simplemente
para sus propios intereses, no necesariamente ligados a los intereses de los marginales,
y a los que afirman que la sociedad que todos estamos construyendo en distintos
países con aspectos positivos y negativos no tiene nada de bueno. Son éstos lo
que podríamos denominar “depresivos de salón”, personas que al hablar de asentamientos
marginales, ante el público y los medios de comunicación, se sienten obligados
a poner una cara de pena, una cara de angustia, y luego son los primeros en beneficiarse
precisamente de los aspectos positivos que esas sociedades que nosotros estamos
construyendo ofrecen. Quiero
decir con esto, que no podemos nosotros unirnos al coro de los pesimistas interesados,
precisamente en una época que el mundo está aprendiendo a enfrentar los problemas
más complejos de toda su historia. Pienso que sería una falta de responsabilidad
si nos uniéramos a esas voces y aceptáramos que la situación es irreversible,
que no podemos cambiar la tendendencia de la injusticia. No
podemos subestimar el coraje, el valor, que tiene la gente marginada, que tienen
fe y entusiasmo en su incorporación a una vida más justa. Orígenes
de una ciudad distinta
El surgimiento
de la ciudad moderna tiene lugar durante el proceso de la revolución industrial;
la nueva ciudad tiene cualidades distintas de los sistemas urbanos anteriores,
especialmente en las áreas donde el capitalismo industrial adquiere características
predominantes; en primer lugar, en las ciudades inglesas, luego en Francia y Alemania,
durante los siglos XVIII y XIX. Otras regiones, que intervienen tardíamente en
este proceso, pese a mantener intactos sus sistemas urbanos, estarán determinadas
en su relación económica, cultural y política por aquéllas. El
antecedente mas inmediato de ésta ciudad distinta es aquella que, organizada por
la movilización de las capitales, producto de la actividad de intercambio y comercio,
se vincula directamente con la navegación. Estos mercados se localizan en las
ciudades puertos. No desborda la muralla de la ciudad feudal ni modifican sustancialmente
su estructura interna, en tanto que un factor determinante, la población, no muestra
un significativo crecimiento, a causa de los límites de la producción agraria
y las grandes pestes que asolaron Europa, durante los siglos XV y XVI. El siglo
siguiente es el de transición que dará lugar al salto que destruirá definitivamente
la ya envejecida estructura de las ciudades medievales. Pero
el proceso de industrialización no constituye el único factor determinante de
la nueva situación: paralelamente a ella se produce un progresivo aumento de la
población urbana, dentro de un crecimiento global, que adquiere proporciones imprevistas
en la década del 60 del siglo XVIII. Factores como la recesión de las pestes de
los siglos XV y XVI, elevaron automáticamente la población europea. Luego, como
resultado de la revolución agrícola, aumentó la cantidad de alimentos básicos
disponibles, a la que se agregó la difusión del cultivo de tubérculos y farináceas
traídas de América, que por su mayor poder nutritivo lograron un mejoramiento
en la dieta de la población. En otro sentido, y como consecuencia de éstos factores
se alteró el modelo de la nupcialidad, con un mayor número de casamientos en el
período de máxima fecundidad, es decir, antes de los 30 años. Estos
factores decisivos del aumento de la población, actuaron de forma efectiva en
la disminución de la mortalidad, que no obedeció a la aplicación de los avances
de la ciencia médica, en las ciudades. Todavía, durante el siglo XVIII, las infecciones
se describen como causadas por los miasmas, un penetrante veneno gaseoso emitido
por los enfermos y materias putrefactas que contaminaban a quién lo respirase.
La asepsia, la cirugía y las vacunas, comenzarán a masificar su uso después de
mediados del siglo XIX. Cuando
hace verdadera crisis la condición de vida impuesta por las ciudades industriales
a los sectores asalariados que afectaban el organismo urbano en general y, en
consecuencia, a todos los habitantes, aparece súbitamente la peste y una serie
de epidemias que obligan a utilizar los recursos de la medicina de un modo general;
se ponen en práctica los progresos técnicos científicos sobre la salud de la población
y una legislación urbanística fundada principalmente en disposiciones sanitarias.
En 1848, se aprueba en Inglaterra una legislación que rompe con un sistema ya
tradicional: se incorporan un conjunto de prescripciones de orden espacial y sanitario,
que en principio vulneraban las leyes y fundamentos de la economía liberal: el
estado interviene en la propiedad privada, estableciendo normas de uso y prerrequisitos
de funcionamiento de funcionamiento de la cosa individual. Estos fueron en definitiva
factores que equilibraron el deterioro de la población producido por el hacinamiento,
los bajos salarios, la carencia de agua, etc. A los que estaban sometidos los
asalariados en las ciudades industriales. Esta población creciente ocupó un territorio
particular en el territorio: la industria se instaló en las ciudades, o bien generó
otras nuevas; ofrecían mayores expectativas económicas y de mejoramiento del nivel
general de vida que el campo. En definitiva, un creciente aumento de población
urbana incorporada a la ciudad medieval romperá su estructura y la desbordará
irreversiblemente. Otro factor que actúa en este proceso es el desarrollo industrial
propiamente dicho. En primer lugar, la industria realiza su desarrollo empleando
una fuerza de trabajo de nuevo tipo, el obrero asalariado, y absorbiendo una gran
masa de trabajadores, especialmente niños, cuya eficiencia en el primer tramo
de la industrialización y además recibía un salario diez veces menor que un adulto.
Estudiando
en particular la industria textil, se pone en evidencia el modelo de desarrollo
general de la Revolución industrial. En éste sentido agregamos para el análisis
del origen de la ciudad moderna, la situación técnica y social de una industria
que además es considerada madre de las industrias y pilar de la economía Británica.
Esta industria
sustituye la fuerza humana con la aplicación de dispositivos mecánicos y empleo
de otras formas de energía en un período de 50 años. Su efecto multiplicador y
dinamizador de la economía Británica fue realmente notable. También se trata de
una industria que pertenece al período de transición de la sociedad feudal a la
capitalista industrial: es la que más directamente está ligada al campo. Las tareas
agrícolas se complementan con la manufactura de hilados y tejidos; posteriormente,
su rentabilidad y simpleza técnica movió a terratenientes y pequeños productores
a concentrarse en éste tipo de producción, aunque “los hombres que componen el
capitalismo manufacturero proceden de todos los horizontes de la vida económica”.
En la década de 1830 la industria textil había madurado notablemente. Un informe
de 1835 apuntaba: “cuando subió al poder Jorge III, la industria del algodón ocupaba
a mas de 40.000 hombres; y hoy en día a pesar del descubrimiento de la máquina
un obrero puede producir como antes lo producían 200 o 300, y puede estampar tanta
cantidad de tejidos como antes estamban 100 trabajaban en ésta actividad cerca
de 1.500.000 personas, lo que equivale a 37 veces más” la descripción a éste proceso
de la industria textil es indicadora de la expansión económica y la demanda de
mano de obra ocurrida en la revolución industrial, concentradas ambas en las ciudades.
Las leyes de ésta economía significaron una ocupación del territorio para su beneficio
y funcionamiento eficaz, pero ésta ocupación, sin plan de previsiones, alteró
profundamente las conductas de la población, obligada a vivir hacinada, produciendo
hasta el agotamiento, sin viviendas adecuadas ni servicios básicos(pues la estructura
urbana heredada no los poseía, ni tampoco los constructores y especuladores de
viviendas que proveían): pero también a participar colectivamente de ésta situación,
manifestares mutuamente deseos y frustraciones, que dieron lugar a una forma de
conciencia y a respuestas colectivas frente a tales condiciones de vida y explotación
impuesta dentro de las ciudades. Para Inglaterra que constituyó el caso mas importante,
a la victoria de Waterloo, le sucedió la masacre obrera de Paterloo, en 1819,
que fue un antecedente importante de las luchas sociales, una insurrección popular
por esas condiciones generales de vida a las que se agregó el hombre y escasez
posterior a las guerras napoleónicas. El trabajador se organiza y adquiere conciencia
colectiva de su suerte; allí nacen las primeras organizaciones sindicales políticas
que abogaban por un sistema mas justo, frente a la intransigencia de la mayoría
de los empresarios, enceguecidos por el crecimiento de sus industrias, que ocuparán
cada vez mayor cantidad de hombres, determinando la ocupación del territorio,
apropiándose del espacio urbano, hasta convertirlo en objeto de especulación.
El territorio en su conjunto, se modificó por la alteración de la estructura urbana
de las grandes ciudades industriales; los centros de consumo y producción de materias
primas comienzan a comunicarse por nuevos sistemas de transporte y el mejoramiento
del sistema carretero. Por otra parte las colonias también estructuran su territorio
en función de las economías metropolitanas, con la concentración de la actividad
administrativa e intermediaria en las ciudades portuarias, en tanto se constituyen
en nexos directos con los centros productores. La producción de elementos y materias
primas de las colonias se dinamiza, a la vez que este tipo de producción decrece
en las metrópolis. En las ciudades las instituciones tradicionales, el templo
y la taberna, no satisfacen la demanda espacial de una sociedad que requiere,
por el desarrollo económico, técnico y científico, nuevos sistemas espaciales
para dar albergue a un conjunto de nuevas actividades. En éste sentido, la estructura
medieval heredada se transforma en tanto se da lugar en su interior, a otros puntos
de atracción, elaborados según formas y tecnologías realmente novedosas. Hace
irrupción en el escenario urbano la nueva arquitectura, especialmente para nuevos
usos. La ciudad ha dejado de ser para el urbanista una cuestión estético formal
o la representación del universo místico y religioso; es un problema vital y económico.
La situación descripta define a la ciudad en un orden distinto del de las culturas
precedentes, cuantitativa y cualitativamente, y el “tema” de la ciudad se convierte
en el problema urbano. La historia de la urbanística moderna demuestra que el
asunto abordado es siempre un problema a resolver. A partir de éstos orígenes,
el pensamiento sobre la ciudad estará en manos de reformadores sociales, higienistas
y políticos. El artista del renacimiento volverá a tomar al organismo urbano como
objeto especulativo cuando la nueva clase dirigente defina su propia estética:
la estética del maquinismo. HACIA
UNAREPPRESENTACION MAQUINISTA DE LA CIUDAD El
complejo articularse de distintas disciplina, con el objeto de resolver el problema
de la ciudad, da lugar al nacimiento de la nueva disciplina. Las academias europeas
incorpora, en la década inicial del siglo XX, el estudio de la “urbanística”,
que a la vez intenta ganar la categoría de ciencia. En este contexto, mas allá
de cualquier solución tecno económica, los modelos idealizados de la ciudad están
cargados de todos los atributos de la tecnología y la ciencia. Progresivamente
el punto de referencia que constituía el arte mayor de la arquitectura a la que
cualquier configuración espacial nueva de la sociedad industrial de remetía, es
reemplazado por el artefacto técnico que, en su funcional desnudez, adquiere valor
estético, valor de cambio superior para la nueva sociedad. La ciudad moderna,
en la medida que era objeto de propuestas alternativas, utilizará para su formalización,
la nueva retórica, despojada de todos los valores que no sean el de usufructuar
sus beneficios. Llegado a éste punto y en el intento de organizarse como ciencia,
la urbanística, a la vez que se universaliza, tiene su punto de inflexión más
significativo: se especializa. El modelo general, totalizante, de las alternativas
urbanas, es atacado con violencia porqué para la nueva sociedad y para su ciencia,
carece de seriedad; en concepto de utopía se define como categoría estática. Todo
ello se relaciona con una actitud totalitarista, urgida por la exigencia inmediata
de resolver los problemas, cualesquiera, sean sus orígenes, como cuestiones simplemente
técnicas. En este contexto, algunos de los documentos presentados en la antología
testimonian esta inflexión del pensamiento urbanístico. El futurismo Italiano
y el expresionismo Alemán, que fueron contemporáneos, constituyen estéticas movilizadoras
en la cultura europea de preguerra. Con Filippo Tomaso Marinetti y Paul Scheerbart,
es decir, desde el radicalismo de una poética de la guerra como grado superior
de exaltación humana, hasta la esperanza socialista y antibelicista de los sóviets
de artistas (el Arbeitsrat für Kunst) se convocó a la representación de un modelo
urbanístico. Significaron más que nada la representación de una idea general:
Antonio Sant Elia, el esplendor de la tecnología en sus visiones de la cittá Nouva
y Bruno Taut, la fraternal unidad de los hombres con su Alpine Architektur, la
ciudad de la paz. Frente a éstos testimonios polémicos de la cultura de la década
de 1970, la minuciosa descripción de Tony Garnier de la ciudad industrial, aparece
aislada y no demasiado preocupada por las circunstancias sociales y políticas
que desencadenaron la primera guerra mundial y la revolución de octubre. Sin embargo,
en tanto que se alejaba de ellas, se acercaba a los problemas urbanísticos. Este
fenómeno será característico de la urbanística contemporánea, defensora de los
principios de la autonomía disciplinaria. El simulacro social de Garnier albergará
en su seno el conformismo inocente del siglo XIX, con ideas de justicia y bienestar
general, sin parcialidades, al que contribuirán de manera efectiva los elementos
de la tecnología y la ciencia. Aquí el valor de la representación es decimonónico,
pero sus lectores vieron materializada por primera vez una ciudad con todos aquellos
atributos; ya no a la ciudad de la tecnología o de la paz, sino a la tecnología
y a la paz en el interior de la ciudad. Finalmente, la representación urbanística
no agota su análisis con Le Corbusier, pero su modelo alcanza el grado límite
entre la eficiencia técnica y la recuperación de la ciudad como hecho estético.
Cuando el proyecto es exigido por una necesidad concreta, por ejemplo el caso
de las viviendas obreras, donde el número de unidades que deben ser proyectadas
supone una intervención en el plano de la urbanística, la imagen social remite
a los factores reales de poder y a las posibilidades técnico- constructivas. Por
ello, aunque la ciudad sin cualidad, la ciudad de Ludwig Hilberseimer sea toda
una representación, lo es solo para llevar el planteamiento de los “siediung”
hasta las últimas consecuencias en el plano de la ciudad. Son los barrios obreros
realizados durante la república socialdemócrata de Weimar (1919-33), con el detallado
estudio de los standard del hábitat mínimo, viviendas económicas y sin especiales
cualidades formales que le darán como resultado la conocida uniformidad y monotonía
de los barrios obreros. Son posibles, técnica y económicamente, y llegarán hasta
la Rusia del primer plan quinquenal, fundaran las teorías de la habitación del
CIAM y se reproducirán hasta el último confín de los países subdesarrollados.
Estos bloques de viviendas trasladados a una ciudad de millones de habitantes,
resultan de haber agotado las posibilidades de organización de la vivienda: son
producto de una actividad urbanística que opera por adición, desintegrada y parcialmente.
La acción contemporánea de Le Corbusier significa la recuperación de una representación
totalizante, en tanto que, como Garnier, Le Corbusier pudo, lejos del escenario
de una sociedad convulsionada por la cruda realidad impuesta por la guerra, desarrollar
su modelo. En su caso, la ciudad capitalista termina por definir sus cualidades
básicas. En la actualidad, la llamada ciencia urbanística, aunque se nutre de
las propuestas de las utopías, ya no formulará un modelo ideal; su exigencia está
sujeta a una realidad, si bien no todas sus propuestas son realmente eficaces,
tenderán siempre a acercarse al proyecto posible. Los modelos que estudiamos aquí
intentaron en todos los casos modificar efectivamente a la ciudad; y fue, por
encima de éstas consideraciones, un modelo social.- Hoy,
a la búsqueda de soluciones en las ciudades
Ante la
envergadura de los problemas que presenta la ciudad, grupos de automarginados
se plantean la necesidad del retorno a la naturaleza. Sin embargo muchas de éstas
actitudes-no todas- teóricas prácticas, se encuentran más inmersas en la desesperación
que en el análisis. En
estos casos, priva la angustia el estudio del problema. A veces se toma la fuga
como cambio. Se
desconfía de las soluciones técnicas, y se piensa de ellas que no son sino una
manera de soslayar el problema, o incluso, en el peor de los casos, la utilización
de un pretendido interés público con fines que solo benefician a los restringidos
grupos que ocupan las posiciones mas altas en la pirámide social. Se llegó a pensar
en comunidades autocontroladas producto de la adopción de un nuevo sistema social.
Una vez equilibrada la población, quedaría agrupaciones de 500 personas en comunidades
de 5000 y en regiones de 500.000. Se pretende, a través de éste sistema, hacer
compatibles las relaciones sociales de las sociedades primitivas con la técnica
moderna. Necesitarían de un sentimiento comunitario y una conciencia mundial.
Diversos
grupos están buscando la solución de su problema, la exploración de las nuevas
formas de convivencia, algunas parten de las concepciones de las familias atípicas.
En EE.UU. se piensa construir una ciudad basada en unos principios sociales e
integrados por personas que deseen participar de éste modo de vida. La
envergadura de los problemas que afectan a los países del tercer mundo les obliga
a ser mucho más pragmáticos y a no despegarse de su propia realidad, realizando
toda reforma o modificación a partir de sus problemas más inmediatos. La
escasa disponibilidad de recursos ha obligado a desarrollar una técnica que ha
dado buenos resultados para mejorar la situación de las barriadas marginales.
Consiste en proporcionar a sus habitantes los materiales, la ayuda, la técnica
y la organización necesaria para que sean ellos mismos los que, aunando sus esfuerzos
y comunitariamente, reformen su contorno. Tenemos el caso de México, en la barriada
de Hehuazatcoyotl, en el Vaso de Texcoco, fueron los vecinos mismos (unos 50.000)
los que comenzaron, sin ayuda alguna, reconstruir su “barrio”. ¿Es
posible una ciudad sin pobres? El
problema de la pobreza es estructural. Los pobres son un efecto y no una causa.
Se han construido ciudades nuevas aplicando las más audaces técnicas arquitectónicas
y partiendo desde cero, sin embargo, no se ha podido evitar la misma problemática
social de las ciudades antiguas, crecidas y transformadas a la par que la sociedad
de Brasilia y Chandigar son los dos símbolos de un mundo desarrollado que se preocupa
más de la forma que del contenido; dos magníficas obras arquitectónicas a la que
la imaginación del urbanista no ha podido aislar de las condiciones sociales imperantes
en Brasil y en la India. La
ciudad del futuro tiene que ser una obra técnica no sólo en lo material, sino
también en lo social. Ha de partir de la premisa de que su pobreza y su miseria
urbanas están íntimamente ligadas a pobreza y miserias rurales; que lo rural y
lo urbano son dos polos de una misma realidad, entre lo que no ha de existir antagonismo
alguno. En
el intento de buscar una solución global aparecen los interrogantes: ¿Será la
ciudad el marco a partir del cual surgirá un nuevo concepto de sociedad, o se
tendrá que huir de ella para lograrlo? ¿ es posible evitar la pobreza? Parece
que los simples datos presentados en éste libro, y sobre todo el hecho que en
los países mas urbanizados y ricos haya pobreza e incluso miseria a niveles cuantitativos
alarmantes, indicarán una respuesta negativa. Sin embargo, la ciudad tiene un
importante puesto en el desarrollo histórico. Gracias a la revolución urbana la
ciudad tendrá que ser una entidad diferente. Con
respecto al segundo interrogante, la respuesta no es menos afirmativa, y en cierto
modo queda contestada conjuntamente con la pregunta anterior. Se está en condiciones
de duplicar la riqueza por habitante cada 10 años, pero ello requiere resolver
el problema planteado por la dialéctica países desarrollados- países sub desarrollados,
lo cual constituye una exigencia de solución planetaria.
Reflexiones La
situación de subdesarrollo es ante todo una condición histórica, es el resultado
de muchos años y quizás de siglos de cierto tipo de relaciones que los países
así llamados han mantenido y mantienen todavía con los países desarrollados. Se
trata principalmente del colonialismo, que ha establecido entre los países colonizados
un conjunto de relaciones de desigualdad (el establecimiento de relaciones entre
sociedades desiguales ha producido una desigualdad creciente); de relaciones de
dependencia (tanto política como económica), y de relaciones de explotación económica
(enriquecimiento de los países colonizadores, agotamiento de las riquezas naturales
de los países colonizados, corriente de capitales de los países subdesarrollados
a los desarrollados etc.). El
tráfico no es lo importante. Lo importante es como vive la gente. No se gana nada
con reducir unos pocos minutos el tiempo de transporte si al final se llega a
un lugar de residencia insatisfactorio. No se gana nada con lograr un parking
adecuado para todo el mundo si eso lleva consigo tener que recorrer medio Km.
A través del asfalto para llegar a una tienda. No tiene sentido planificar para
el tráfico sin planificar aún más intensamente para otras necesidades humanas.
Notas: 1.
Ver "Teoría del desarrollo sustentable" del mismo autor. tu
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